sábado, 26 de noviembre de 2011

Inside Job: El dinero es poder

El documental  “Inside Job” es una película, realizada por Charles Ferguson, y presentada en el Festival de Cannes del 2010, que representa de la forma más cruda y auténtica los orígenes de la crisis iniciada en el 2008 como consecuencia de la corrupción llevada a cabo por los Estados Unidos con respecto a la industria de servicios financieros.

El documental muestra cómo las grandes empresas financieras, los grandes bancos, hicieron de los sueños y expectativas de futuro de los pequeños inversores un amasijo de valores para comprarlos y venderlos a su antojo. Además también enseña cómo los poderes públicos, lejos de desarrollar su principal tarea que es la defensa de los ciudadanos, despejaron el camino para dichas entidades, gracias a la puesta en marcha de la desregularización, de manera que estas tuvieron carta blanca para hacer lo que se fuese en gana. En cierta medida una acción conjunta de estos grandes bancos y de los encargados de controlarlos, a mencionar, las agencias de control de riesgo y los diferentes consultores de las mismas, eludiendo totalmente su función, mintieron y engañaron (pues no se puede decir de otra manera) al conjunto de la población mundial.

 Esta traición, afectó sobre todo a los ciudadanos al darse cuenta que los que más se beneficiaron de la crisis y de sus consecuencias fueron precisamente individuos que décadas antes habían ocupado puestos de renombre en el gobierno y que una vez finalizados se anexionaron a los grupos directivos de los principales bancos obteniendo grandes fortunas con ello; todo lo cual sucedió mientras la mitad de la población se arruinaba perdiendo ahorros, hogares, empleos…etc.

Por otra parte, la herramienta que utilizaron los diferentes implicados fue la creación y crecimiento de los mercados de derivados (los derivados son productos financieros cuyo valor se basa en el precio de otro activo), que luego desembocaron en lo que se denominó el crédito subprime. Con el mercado de los derivados se incrementó sobremanera el riesgo financiero, pero es que con este nuevo “truco” dicho riesgo se multiplicó, ya que con la denominación de seguro, los créditos se transmitieron de inversionista a inversionista, sin que estos supiesen ni por un momento que lo que tenían entre manos resultaba ser una auténtica bomba preparada para explotar.

Este sistema acabó afectando a las hipotecas, de las cuales los usuarios ni se imaginaban, al firmarlas, que desconocían por completo el riesgo y las tasas de interés aplicadas a esos contratos. Y lo mismo ocurrió con los fondos de pensiones. ¿Desde cuándo engañar en tales magnitudes a la ciudadanía ha sido tan sumamente fácil?

A la vez que la gente en Estados Unidos y en el resto del mundo empezaba a darse cuenta de dónde se habían metido al confiar en estas grandes entidades, los directivos de las mismas no sólo se iban de rositas sino que además se llevaban consigo grandes fortunas, de las cuales, como muy bien muestra el vídeo, ninguna se vio reducida, incluso de aquellos empresarios que fueron llevados a juicio.

Ahora bajo la teatral apariencia de estar cambiando las cosas lo cierto es que estas se mantienen como antes de que comenzase la crisis, e incluso ha empeorado, pues con cada concentración empresarial, los bancos se vuelven cada vez más grandes y por lo tanto más difíciles de destruir, mientras que los incentivos siguen siendo los mismos. Los directivos no son precisamente ingenuos y se han dado cuenta que cuanto más grandes son, más peso tienen en los mercados financieros. Si sólo uno de los grandes bancos estadounidenses, tales como J.P. Morgan & Co., AIG…etc cayese en bancarrota, sería tal el desastre que provocaría en el mercado mundial que se haría necesario rescatarlo con dinero público. Esto es exactamente lo que ha sucedido en la crisis de 2008. Los grandes bancos llegaron hasta su límite, sin embargo, en el momento de la caída, conocidas las consecuencias que podría acarrear la misma, exigieron la ayuda de los poderes públicos, poderes a los que impidieron participar en los mercados, regulándolos, con el fin de evitar la ruina total.

Tras varios años desde el inicio de la crisis, repito, no ha cambiado nada. Los grandes bancos siguen ahí, actuando como si nada hubiese sucedido, dando la mano a sus clientes de frente mientras a sus espaldas planean como arrebatárselo todo, obteniendo de ellos grandes fortunas. Hay que afirmar, por otro lado, que, sí, algo sí que ha cambiado, ahora los ricos son más ricos y los pobres, si aún podía darse, más pobres. Los poderosos incrementan dicho poder, y los ciudadanos, que intentan movilizarse y levantarse contra este sistema, ven como los poderes públicos, y con ellos el resto de la sociedad, les dan la espalda, y les tachan de locos y vándalos, o lo que es peor, hacen como si esos movimientos no existiesen. No sé lo que nos deparará el futuro, pero desde luego si las cosas siguen así, este no es nada alentador.


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