lunes, 27 de febrero de 2012

Las fotografías de James Natchwew, espejo del mundo, reflejo del alma

El trabajo de James Nachtwey se puede describir con tan solo una palabra, impresionante. Cuando miras sus fotos te producen una mezcla de sentimientos difíciles de describir y de determinar, no sabiendo cual se impone a los demás: horror, tristeza, cólera, rabia… todos ellos con la consecuencia inmediata de querer ponerte a llorar, pero también con una mayor certeza  de que el mundo no debería ser así, de que la vida no debería ser así.

Sinceramente no sé cómo lo hace, y definitivamente creo que muy pocos tienen la capacidad de reflejar el dolor, los sentimientos, el desastre que muestran sus fotografías. Lo cierto es que te inspiran. Supongo que es porque pone auténtico empeño en su trabajo, porque cree en lo que hace, cree que con su trabajo se podrá construir algo mejor. Otro de los aspectos que le hacen tan bueno es que sus imágenes las hace desde el respeto, no con el fin de convertirlas en algún tipo de premio o para conseguir protagonismo, sino porque tiene la esperanza de que sean un medio para conseguir ayudar a aquellos que aparecen en las mismas. Son un medio para denunciar ciertas situaciones y conseguir concienciar a la población para provocar nuestra rebelión y hacernos levantarnos en pie de guerra ante tamañas injusticias.

Por otra parte considero que sus fotografías tienen esa capacidad para transmitir ciertos sentimientos debido a que reflejan su particular punto de vista, un punto de vista que no se ha ido convirtiendo al cinismo con el paso del tiempo, como les ocurre a otros periodistas en las mismas circunstancias, un punto de vista que conserva su humanidad. Suscitó totalmente mi admiración aquella historia en la que él, arrodillado, estuvo suplicando por la vida de un hombre durante más de veinte minutos. Siguió toda la persecución y la fotografió de principio a fin para dejar constancia de ella, sin embargo también tuvo el valor suficiente para interceder por aquel hombre, arriesgó su vida por intentar salvarlo. Para los demás periodistas, que lo veían desde lejos, posiblemente su muerte solo sería una historia más. Muy pocos tendrían el arrojo para hacer algo así. Yo misma me he preguntado qué sería capaz de hacer en una situación de ese calibre.

Me gusta el periodismo, me parece que es una profesión que si la abordas con pasión y entusiasmo puedes sentirte orgulloso de lo que estás haciendo. Y sobre todo siempre me ha atraído el periodismo de guerra por el hecho de que hay ciertas cosas, que aunque no forman parte de nuestra realidad inmediata, necesitan principalmente de nuestra atención, pues de no ser por ella, difícilmente cambiarían. Si he de ser sincera, antes del pasado viernes 24 de febrero no había oído el nombre de James Nachtwey, pero ahora que lo conozco y he visto parte de su trabajo puedo admitir que es un modelo a seguir y que me sentiría muy satisfecha si llego a ser la mitad de buena que él en lo que respecta al periodismo, humanidad y valentía.

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