martes, 28 de febrero de 2012

Madrid, la ciudad que siempre se ve oscura

 Cada día nos preguntamos qué cosas se harán en clase, cuál será el plan de la tarde, qué comeremos, qué tendremos que estudiar… pero jamás nos preguntamos, en nuestra vida cotidiana, qué tipo de aire es el que estamos respirando.
En Madrid más que en ningún otro sitio, esto sí que debería estar al orden del día, teniendo en cuenta la cantidad de contaminación que introducimos en nuestro cuerpo cada vez que damos una bocanada de aire. Los innumerables coches, industrias, electrodomésticos y demás aparatos que se mantienen en funcionamiento vierten continuamente gases a la atmósfera produciendo una auténtica campana de contaminación urbana que no podemos evitar de ninguna manera.
Por otra parte, no parece que la situación vaya a mejorar, la verdad es que se está empeorando. Desde que en 1999 entró en vigor la legislación europea sobre calidad del aire, hemos ido incumpliendo cada año los límites máximos de emisión de dióxido de nitrógeno e incluso este año los superamos en apenas diez días después de darle la bienvenida al 2012 (según datos ofrecidos por el Ayuntamiento).
La principal asociación que lucha a causa de esta situación es Ecologistas en Acción, confederación de más de 300 grupos ecologistas en toda España cuya unificación se produjo en 1998, y que desde entonces ha realizado todo tipo de campañas de sensibilización, para denunciar, de forma pública o legal, todas las actuaciones que dañan el medio ambiente a la vez que la salud de la ciudadanía.
Esta Confederación ha demostrado que una reducción, aunque sea mínima, en los valores de contaminación puede mejorar en gran medida la salud pública, incluso prevenir unas quinientas muertes en la capital. De ahí que las actuaciones que se puedan llevar a cabo con este fin estén totalmente justificadas.
A pesar de todos estos datos, la popularidad de los políticos depende, no de imponer nuevos sistemas para controlar la contaminación, sino más bien de dejar amplio espacio de actuación para aquellos que provocan las emisiones, ya sean ciudadanos o empresas. El medio ambiente, sobre todo en esta época de crisis, no interesa, por lo que parece que no tenemos más remedio que ahogarnos en esta nube de porquería.

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